sexta-feira, 13 de maio de 2016

“No quiero hacer un manifiesto contra el ebook”





Entrevista a Manuel Rivas
“No quiero hacer un manifiesto contra el ebook”
El escritor gallego viajó a Buenos Aires para presentar su nueva novela, El último día de Terranova (Alfaguara), en la que hace una defensa de las tradiciones literarias y del rol de las librerías como bienes culturales. Sobre la novela habló con Eterna Cadencia: “La desaparición de las librerías empobrece a la literatura”, dijo.





Por Patricio Zunini.
La última batalla de las librerías parece una derrota inexorable. Luego de funcionar durante años como refugio de debates culturales, hoy en día, el mercado y la especulación financiera, las tienen en una crisis que no parece terminar. Casi a diario se producen cierres en todas las ciudades de España y América latina. El escritor gallego Manuel Rivas —que hace diez años había publicado una novela en la que destacaba la importancia de la literatura como herramienta de resistencia en el franquismo: Los libros arden mal— llega a Buenos Aires para presentar una nueva novela en la que, aunque envuelta en un tono romántico, tiene una mirada crepuscular sobre el rol de las librerías y los libreros. El último día de Terranova da cuenta de ese proceso de, como él dice, “el avance del vacío”.
¿El último día de Terranova es una declaración de nostalgia, es un debate por dónde pasar la resistencia?
—Nostalgia no, memoria. Es un viaje de reconstrucción de la memoria, y la presencia de la Odisea a través del personaje Amaro, de alguna forma, marca la novela. Lo que está en convulsión en el libro es el intento de ordenar lo que está roto. Suele destacarse a la dimensión curativa de la literatura, de hacer un mosaico de aquello que estaba en añicos. Es tan importante eso como romper y provocar desorden.
En un contexto donde se lee menos y el mercado de la literatura está retraído, ¿cuál es el rol del escritor?
—Hasta hace poco se escribía desde la esperanza. Hay una parte de eso que sigue siendo verdad, pero los problemas políticos, como dice Max Aub, son, en el fondo, problemas culturales y morales. Y estamos en una situación en que la dimensión optimista de la cultura queda desmentida por la realidad. En vez de caminar hacia una utopía, tienes la sensación de ir hacia la distopía, hacia los tiempos duros de Dickens.
Hace poco, en una entrevista, hablabas del cierre de las librerías como señal de la pérdida de la identidad de la ciudad, en relación a la presencia de no-lugares como los shoppings.
—El avance del vacío. Hay otros negocios que cierran, pero las librerías tienen un vínculo especial. Amaro es un apasionado de los "seres menudos" —las ranas, las luciérnagas, las mariquitas— y estos seres actúan como detectores en los procesos de destrucción ambiental. Lo que pasa con las librerías es equivalente. Lo que define a la ciudad es el espacio común, lo que la diferencia del espacio feudal o del gueto. Son lugares ecológicos donde se produce el encuentro. En las librerías la igualdad tiene una condensación mayor, porque es una igualdad entre nosotros, pero también una que atraviesa los siglos porque estamos hablando con Faulkner, con Rulfo, con Homero, con César Vallejo. Es un espacio surrealista en el sentido de ser el lugar donde se encuentran los antónimos.
Cuando presentaste el libro dijiste que tu escritura era como el trabajo de las espigadoras del cuadro de Millet. Hace un mes, Erri de Luca visitó a Buenos Aires y en la entrevista que hicimos dio casi la misma metáfora. ¿La función de la literatura hoy es recoger las historias íntimas?
—En esta situación en que se produce mucha literatura “transgénica” o “de karaoke” que busca adaptarse al medioambiente contaminado, lo que tiene que hacer la literatura es mantenerse en el espacio donde todavía está el polen y expresar el grito de la tierra. Una primera idea que se me ocurre es que el libro tiene una dimensión ecológica —una palabra que hasta la pueden meter los bancos en la publicidad—, pero, yendo al fondo, tiene que custodiar la simiente y mantener el sentido de las palabras. Hace poco hubo una serie de manifestaciones en Tailandia y la gente se convocaba por teléfonos celulares, pero cuando llegó la policía, lo que blandían era 1984 de Orwell. La literatura es más necesaria que nunca y el periodismo es un bien común. Que estén en crisis en distribución o número de lectores no significa que esté en crisis la necesidad de la literatura. Con la desaparición de las librerías se pierde la mediación humana respecto del libro, del autor y el lector. Eso afecta a la propia literatura en el sentido de empobrecerla.
¿Cuál es tu opinión sobre el ebook?
—No vine al mundo a pelearme con el ebook, no quiero hacer un manifiesto contra el ebook. Esos cacharros son otros seres menudos que acaban quedando abandonados uno detrás de otro. Hubo una presión por el ebook; hablo de supersticiones tecnológicas. En España nunca llegó a consolidarse y a crecer. Parece que llegó a un tope. El libro es un invento maravilloso. Decía Umberto Eco que es como la rueda y la cuchara. Para qué inventar una rueda mejor. No creo que la gente que lee literatura y poesía vayan a cambiar a la pantalla. Yo no me considero anacrónico, no tengo una relación nostálgica con los libros.
Pero tenés una relación romántica.
—Sí. Además puede haber nostalgia del futuro. Yo no creo que los tiempos pasados fueron mejores. Hay herramientas que pueden ser útiles para la transmisión de conocimientos y comunicación, pero no significa que para leer literatura el ebook sea mejor que un libro. El libro es parte de la naturaleza; el ebook va a quedar como una cosa antigua. El papel puede ser lo más vanguardista porque cuando tú lees nadie sabe por dónde vas o qué estás leyendo. En la pantalla todo el mundo sabe lo que estás leyendo, empezando por los que sacan dinero de eso.
¿Cómo pensás que se va a recibir el libro en la Argentina?
—No pienso nada. Yo le digo adiós a los libros.
Te lo pregunto por el personaje Garúa y cómo la dictadura militar se mete en la trama de tu novela.
—Yo digo que no parí al libro, sino que el libro me parió a mí. En el primer viaje que hice a la Argentina una chica me regaló un ejemplar de El Eternauta. Eran en los años 90, casi no se hablaba de él. Lo leí en el avión y me impresionó bastante. Cuando volví a Buenos Aires, en una comida organizada por la federación gallega, me sentaron a la mesa con una mujer que resultó ser Elsa Oesterheld. Nos quedamos hablando esa noche y nos vimos al día siguiente. Tenía previsto que el viaje fuera de una semana: me quedé casi dos meses. Conocí a algunos supervivientes de los centros clandestinos de detención y también a gente que no quería hablar —como en España: todavía hay gente a la que le castañetean los dientes cuando hablan del franquismo. Me documenté mucho. Esa ocasión para mí fue un regalo. Sentí que ya no era un simple turista, sino que había entrado en otra dimensión del país. Se estableció una conexión, un lazo muy fuerte. Eso se publicó como un reportaje y aparece en un libro que se llama Cuerpo abierto.
Franco y el franquismo recorre tus libros. Y, si bien te veo descreído ante la política española, no te veo irónico.
—Yo diría que la contraposición no es la ironía sino el cinismo.
Sí, es cierto, dije ironía y debería haber dicho cinismo.
—La ironía es un tipo de humor que conoce el dolor. Hay ironía en mi novela porque la ironía es un instrumento inconformista. Es una forma de ver, pero no cierra el asunto. Permite una respuesta. El cinismo no. El cinismo es una forma de conformismo.


Por Patricio Zunini.
La última batalla de las librerías parece una derrota inexorable. Luego de funcionar durante años como refugio de debates culturales, hoy en día, el mercado y la especulación financiera, las tienen en una crisis que no parece terminar. Casi a diario se producen cierres en todas las ciudades de España y América latina. El escritor gallego Manuel Rivas —que hace diez años había publicado una novela en la que destacaba la importancia de la literatura como herramienta de resistencia en el franquismo: Los libros arden mal— llega a Buenos Aires para presentar una nueva novela en la que, aunque envuelta en un tono romántico, tiene una mirada crepuscular sobre el rol de las librerías y los libreros. El último día de Terranova da cuenta de ese proceso de, como él dice, “el avance del vacío”.
¿El último día de Terranova es una declaración de nostalgia, es un debate por dónde pasar la resistencia?
—Nostalgia no, memoria. Es un viaje de reconstrucción de la memoria, y la presencia de la Odisea a través del personaje Amaro, de alguna forma, marca la novela. Lo que está en convulsión en el libro es el intento de ordenar lo que está roto. Suele destacarse a la dimensión curativa de la literatura, de hacer un mosaico de aquello que estaba en añicos. Es tan importante eso como romper y provocar desorden.
En un contexto donde se lee menos y el mercado de la literatura está retraído, ¿cuál es el rol del escritor?
—Hasta hace poco se escribía desde la esperanza. Hay una parte de eso que sigue siendo verdad, pero los problemas políticos, como dice Max Aub, son, en el fondo, problemas culturales y morales. Y estamos en una situación en que la dimensión optimista de la cultura queda desmentida por la realidad. En vez de caminar hacia una utopía, tienes la sensación de ir hacia la distopía, hacia los tiempos duros de Dickens.
Hace poco, en una entrevista, hablabas del cierre de las librerías como señal de la pérdida de la identidad de la ciudad, en relación a la presencia de no-lugares como los shoppings.
—El avance del vacío. Hay otros negocios que cierran, pero las librerías tienen un vínculo especial. Amaro es un apasionado de los "seres menudos" —las ranas, las luciérnagas, las mariquitas— y estos seres actúan como detectores en los procesos de destrucción ambiental. Lo que pasa con las librerías es equivalente. Lo que define a la ciudad es el espacio común, lo que la diferencia del espacio feudal o del gueto. Son lugares ecológicos donde se produce el encuentro. En las librerías la igualdad tiene una condensación mayor, porque es una igualdad entre nosotros, pero también una que atraviesa los siglos porque estamos hablando con Faulkner, con Rulfo, con Homero, con César Vallejo. Es un espacio surrealista en el sentido de ser el lugar donde se encuentran los antónimos.
Cuando presentaste el libro dijiste que tu escritura era como el trabajo de las espigadoras del cuadro de Millet. Hace un mes, Erri de Luca visitó a Buenos Aires y en la entrevista que hicimos dio casi la misma metáfora. ¿La función de la literatura hoy es recoger las historias íntimas?
—En esta situación en que se produce mucha literatura “transgénica” o “de karaoke” que busca adaptarse al medioambiente contaminado, lo que tiene que hacer la literatura es mantenerse en el espacio donde todavía está el polen y expresar el grito de la tierra. Una primera idea que se me ocurre es que el libro tiene una dimensión ecológica —una palabra que hasta la pueden meter los bancos en la publicidad—, pero, yendo al fondo, tiene que custodiar la simiente y mantener el sentido de las palabras. Hace poco hubo una serie de manifestaciones en Tailandia y la gente se convocaba por teléfonos celulares, pero cuando llegó la policía, lo que blandían era 1984 de Orwell. La literatura es más necesaria que nunca y el periodismo es un bien común. Que estén en crisis en distribución o número de lectores no significa que esté en crisis la necesidad de la literatura. Con la desaparición de las librerías se pierde la mediación humana respecto del libro, del autor y el lector. Eso afecta a la propia literatura en el sentido de empobrecerla.
¿Cuál es tu opinión sobre el ebook?
—No vine al mundo a pelearme con el ebook, no quiero hacer un manifiesto contra el ebook. Esos cacharros son otros seres menudos que acaban quedando abandonados uno detrás de otro. Hubo una presión por el ebook; hablo de supersticiones tecnológicas. En España nunca llegó a consolidarse y a crecer. Parece que llegó a un tope. El libro es un invento maravilloso. Decía Umberto Eco que es como la rueda y la cuchara. Para qué inventar una rueda mejor. No creo que la gente que lee literatura y poesía vayan a cambiar a la pantalla. Yo no me considero anacrónico, no tengo una relación nostálgica con los libros.
Pero tenés una relación romántica.
—Sí. Además puede haber nostalgia del futuro. Yo no creo que los tiempos pasados fueron mejores. Hay herramientas que pueden ser útiles para la transmisión de conocimientos y comunicación, pero no significa que para leer literatura el ebook sea mejor que un libro. El libro es parte de la naturaleza; el ebook va a quedar como una cosa antigua. El papel puede ser lo más vanguardista porque cuando tú lees nadie sabe por dónde vas o qué estás leyendo. En la pantalla todo el mundo sabe lo que estás leyendo, empezando por los que sacan dinero de eso.
¿Cómo pensás que se va a recibir el libro en la Argentina?
—No pienso nada. Yo le digo adiós a los libros.
Te lo pregunto por el personaje Garúa y cómo la dictadura militar se mete en la trama de tu novela.
—Yo digo que no parí al libro, sino que el libro me parió a mí. En el primer viaje que hice a la Argentina una chica me regaló un ejemplar de El Eternauta. Eran en los años 90, casi no se hablaba de él. Lo leí en el avión y me impresionó bastante. Cuando volví a Buenos Aires, en una comida organizada por la federación gallega, me sentaron a la mesa con una mujer que resultó ser Elsa Oesterheld. Nos quedamos hablando esa noche y nos vimos al día siguiente. Tenía previsto que el viaje fuera de una semana: me quedé casi dos meses. Conocí a algunos supervivientes de los centros clandestinos de detención y también a gente que no quería hablar —como en España: todavía hay gente a la que le castañetean los dientes cuando hablan del franquismo. Me documenté mucho. Esa ocasión para mí fue un regalo. Sentí que ya no era un simple turista, sino que había entrado en otra dimensión del país. Se estableció una conexión, un lazo muy fuerte. Eso se publicó como un reportaje y aparece en un libro que se llama Cuerpo abierto.
Franco y el franquismo recorre tus libros. Y, si bien te veo descreído ante la política española, no te veo irónico.
—Yo diría que la contraposición no es la ironía sino el cinismo.
Sí, es cierto, dije ironía y debería haber dicho cinismo.
—La ironía es un tipo de humor que conoce el dolor. Hay ironía en mi novela porque la ironía es un instrumento inconformista. Es una forma de ver, pero no cierra el asunto. Permite una respuesta. El cinismo no. El cinismo es una forma de conformismo.

segunda-feira, 30 de novembro de 2015

El principio de la era.





Luego después de llegar a Windhelm y hablar con Hereborn Dovahkiin comencé  explorar la ciudad, fue cuando me encontré  Lucan Valerius un mercader  muy conocido por comprar y vender  todo. Hablar con Dovahkiin me aclaró algunas cosas incluso descubrí que en Riverwood la ciudad sede de la resistencia poseía  una energía misteriosa, atmosfera que empezó con el  asesinato de una señora en medio de la plaza central, hasta ahora no habían encontrado un culpado para el crimen, la población  atribuye la culpa a la hermandad sombría, ellos cumplían un acuerdo firmando con los imperiales, pudiendo  venir a matar más personas a cualquier momento.
            Dovahkiin muy  impresionado con la historia había decido investigar personalmente la historia, historia está que cada vez presentaba más incógnitas, al llegar a la  ciudad los guardias lo reciben agradeciéndole por salvar Hulit y lo  piden para que tenga extrema cautela por aun temieren la hermandad sombría, pero el  desteñido Dovahkiin no creía en esta histórica, porque él conocía el  ritual de evocación usado por la hermandad, y  sabía de su neutralidad  que la misma no apoyaría  ningún  de los dos lados de la guerra, la hermandad tenía una única  preocupación la de  hacer cumplir sus contractos. Dovahkiin descubre  cosas que lo hacen creer que la historia que oyera a respecto del asesinato no estaba completa, algunos habitantes de la ciudad  contaban una versión del hecho bien distinta.
Los rumores  eran de una venganza y no un acto de la hermandad, decían que el crimen se dio porque una mujer había matado a otra, el hijo de la muerta  solo vengó a su madre, esa no se confirmó nunca nadie supo del muchacho asesino, entonces,  Dovahkiin firme en su propósito sigue investigando y va hasta la casa de la mujer asesinada en la plaza  y la encuentra cerrada para no despertar sospecha espera el anochecer para romper la porta.
            Así que  entro en la casa  se sorprendió con el orden de la misma ella estaba extremamente limpia todo dispuesto como se alguien continuase viviendo allí, con unos pasos más empieza oír voz se detuvo un poco, el ritmo le pareció que era una oración, pero no reconocía el idioma no era nada común, era una lengua desconocida, siguió despacio, al llegar en el  segundo piso las voces van aumentando el tono volviendo cada vez más alta.
Se detuvo con la visión y concluye que la oración era un rito alguien evocaba la hermandad sombría  al aproximar ve un niño frente un circulo de velas varios dibujos en el suelo parecían símbolos a la derecha  un cráneo  a la izquierda carne humana de otro, en el centro un papel, al acercarse del niño se asustó, Dovahkiin lo calmó y dijo que estaba todo bien.
El niño empieza hablar, cuenta a Dovahkiin que hacía el rito pues quería entrar para la hermandad, evocaba a Night Mother porque intentaba conseguir la aprobación de ella para entrar para la hermandad, el sentimiento de culpa lo dominaba se sentía una persona mala ya que había asesinado una mujer  la mujer de la plaza….. Dovahkiin descubre entonces el asesino, el asesinato ocurrió pelas manos de Arentino con un único fin, su deseo de entrar en la hermandad lo llevara al asesinato.
            Dovahkiin deja la casa y vuelve  a Windhelm tan pronto  llega  descubre que Lucan había sido robado  y que habían llevado la Garra de Oro, Lucan desesperado le pide que le ayude a rescatar su tesoro.
 Fabiano Imolesi

Fuego

¡Fuego!
Por todos los lados. Las llamas eran naranjas, amarillas, rojas, de todos los colores. Si el fuego no fuera un monstruo que destruye todo que está adelante, él podría ser un arco iris muy bonito. Pero el fuego solo tiene odio en su corazón. Él no deja de crecer mientras tiene alguien cerca. ¿Por qué el fuego lleva tanto odio?
La floresta que un día era gigante, ahora es solamente un pequeño punto en el mapa. No es tan exuberante, pues el fuego ha adentrado en su camino. Lo animales que allí vivían no consiguieron resistir a él, luego huyeron. Sin embargo existe la historia de un pequeño conejo que es importante contar.
El pequeño conejo tenía el pelaje todo negro y ojos verdes. Siempre vivió en la floresta y es una desgracia que su vida haya sido interrumpida tan temprano.
Un día normal como otro cualquiera y allá estaba él, jugando, cuando todo aconteció. El fuego apareció y persiguió el pobre conejo por un tiempo, pero cuando se cansó de su víctima, se libertó de ella y salió a buscar por otra.
Este pequeño conejo había sido solamente una víctima más… el  pequeño conejo no era el único que vivía en la floresta.
Muchas historias tuvieron un fin, mismo que todas tengan un final, el fuego nunca deja un “feliz para siempre”. La historia contada del pequeño conejo es apenas una dentro de miles de otras más. Esta floresta es solo una floresta dentro de varias otras que existen en el planeta.
Hay otra vida transformada por el fuego que vale la pena ser contada aquí también: La del Zorro.El Zorro vivía en la misma floresta del pequeño conejo. Ellos no se conocieron, pero el fuego los conocía. Él llevaba una sonrisa en la cara que fuera destruida por el fuego.
 Al contrario del conejo, el fuego le gustaba el Zorro, por eso el no aparecía todos los días para mantenerlo vivo, hasta que entonces pasó a aparecer todos los días y por más que el Zorro fuera fuerte y tuviera coraje, el dolor causado por el fuego fue creciendo cada vez más. Después de un tiempo, el fuego también se cansó del Zorro y lo  hizo otra víctima.
A pesar de las historias aquí contadas de las víctimas del fuego, no todos se mueren por él. Algunos sobreviven, pero nunca más vuelven a ser los mismos. A veces el fuego causa una destruición interna, quema por dentro y después se va. Nadie entiende el fuego. Además del pequeño conejo y del Zorro, existe otro personaje también muy interesante: La serpiente.
La serpiente no ha vivido en la misma floresta que los demás personajes, pero que fue vivir allá. El motivo era el chantaje. El villano ya conocido amenazó su familia, entonces ella lo obedeció. Ella sirvió como informante del fuego y por eso observaba todos los pasos de los otros animales y así llevar las informaciones para el fuego. Cierto día, el fuego decidió cambiarse de lugar y dejó la serpiente en la floresta con la destruición que ella misma había contribuido. Ella vivía con la culpa por haber sido controlada por el fuego.
Bueno… estos son tres personajes relacionados, tres que cuentan sus historias y a la vez cuentan la historia del mundo. Son apenas tres que representan, quienes vivieron y viven la historia del mundo.
Mucho dicen que al fuego le gusta el odio, pero en verdad esto son ganas de reafirmar su existencia y la consecuencia es la pasión en ver los otros debajo del mismo y causar sufrimiento.
En realidad el fuego no se llama fuego. El fuego se llama Hombre. El Hombre es el fuego, aquel que todo que ve, destruye. El hombre trae la depresión, pero en toda depresión hay un poco de esperanza. Y la esperanza es el agua que intenta apagar la pasión del fuego, hacer con que él se convierta algo que traiga la felicidad y no tragedias. El agua son los héroes que luchan para cambiar el mundo que por más que parezca que no tenga solución, ellos siguen luchando.


Princesa Mika

Érase  una vez, una princesa guerrera que vivía en una floresta mágica. En esta floresta existían muchos lugares encantados, todos ellos en el palacio donde vivía, pero habían diversos lugares donde ella no podía entrar, estos, llenos de guerras y otras desgracias lugares en los cuales solo los sabios antiguos podían ir. Mucho cariño, vivían allá hasta cumplir 15 años,  pues en esta edad tendrían que dejar el palacio. Hasta entonces Mika y sus amigos eran protegidos por una pared mágica que no dejaba las desgracias adentrar donde ellos vivían. Mismo sabiendo de todos los peligros del m
Mika, la princesa, vivía en este palacio con otros niños y jóvenes  que eran tratados con un de, ellos creían que podían resolver cualquier situación. Había una profecía que decía que una  chica hija única, hija de una princesa que también era hija única, a los  15 años sería capaz de salvar el mundo exterior, antes del fin del palacio y antes de que  la pared mágica que los protegían se rompiera.
Todos los días cuando el sol se escondía, ellos recibían la visita de sus padres. Mika recibió al Rey Orión y de su madre, la Reyna Milla, que la regaló una armadura y un arco, Mika estaba cerca de completar 15 años debería se preparar para enfrentar el lado obscuro. Nadia nunca supo decir porque solo el castillo donde vivían los adolescentes era protegido del malo, pero eso cambiaria a partir de ahí y por eso Mika era la elegida para salvar el palacio y cumplir la profecía.
Ella no sabía por dónde empezar su tiempo se estaba acabando y a cada día la pared mágica se volvía más débil. Cosas malas empezaron a pasar en el palacio, los niños no dormían, los chicos estaban agitados y agresivos y las chicas demasiado emotivas y sensibles.
La princesa entonces decidió buscar a su maestro y él la entrenó por meses hasta que ella estuviera lista para usar su arco y pelear por el mundo en el cual vivía. Mika debía  buscar el libro de la profecía porque este solo releva la verdad a la elegida. Su maestro le dio a ella un mapa para encontrar este libro. Era muy importante encontrarlo y salvar a los niños.
Mika encontró un antiguo armario en el castillo que la llevó a un pasaje secreto donde era posible llevar a una biblioteca. Ahí Mika estuvo por días leyendo inúmeros libros hasta encontrar una pista para encontrar el libro original de la profecía. Al encontrarlo ella finalmente entendió cuál sería su destino.
Unos tiempos después…
MIka estaba prestes a cumplir 15 años y en el día siguiente el destino de muchos dependería de aquella fecha. La princesa estaba muy nerviosa.
Cuando esto pasó, Mika salió entró en  la guerra para defender los suyos. En estos momentos Mika peleó con muchos, ayudó a heridos, después de mucha lucha, consiguió acabar con la guerra. Lo que aprendió en los libros  sirvió para enfrentar los retos con sabiduría, Mika Acabó con la necesidad de violencia en todo el reino sin ni siquiera necesitar usar el arco.

Izabela Evangelista.